
Hubo dos artistas identificadas con el nombre artístico «Lucha Reyes».
Lucha Reyes (Perú):
Lucha Reyes, (*Lima, 19 de julio de 1936 — † 31 de octubre de 1973). Cantante peruana cuyo verdadero nombre era Lucila Justina Sarcines Reyes de Henry. También era conocida por los seudónimos La Morena de Oro del Perú, que se lo puso Augusto Ferrando, y La Reina de la Popularidad.
Lucha Reyes fue una notable cantante peruana, muy celebrada por el sentimiento puesto en sus interpretaciones. Su voz dio vida a muchos de los mejores valses criollos peruanos, y numerosos compositores se regocijaron al escuchar sus creaciones expresadas por su melodiosa voz.
Sus interpretaciones forman parte importante del imaginario criollo popular peruano, siendo muchos los artistas contemporáneos que le han dedicado homenajes y reconocido su talento, que abandonó demasiado pronto este mundo al no poder evitar las consecuencias de su raigambre popular (tuberculosis crónica) y condiciones de trabajo bastante perfectibles. Aun así, su talento trascendió las fronteras peruanas y existen conocidas interpretaciones junto a artistas de talla mundial.
Lucha Reyes (México):
Aunque de niña mostró su afición por el canto, el rasguear de su voz y el falsete característico que logró imponer en sus canciones en sus mejores momentos tuvo su auge a partir de los años treinta, cuando se especializó en temas del folclore mexicano. Aún era muy pequeña cuandó quedó huerfana de padre. El apellido Reyes lo tomó del segundo esposo de su madre, quien se hizo a cargo de ella hasta que llegó a la adolescencia. Durante sus pinitos como cantante, y en su estado natal, obtuvo el titulo de Reina del Mariachi, y poco después junto con su familia se trasladó a la Ciudad de México, donde habitaron una modesta vivienda en la colonia Morelos, pero la mala situación económica que en ese momento pasaban sus padres, le impidió terminar su educación primaria; luego se integró al coro de la Iglesia del Carmen.
La carrera profesional de Lucha Reyes se inició a los trece años, debutando en una carpa que estaba ubicada en la plaza de San Sebastián, cerca de su casa. Ahí con el paso de los meses llegaría a alternar con figuras de la comicidad como Amelia Wilhelmy, José Limón y los hermanos Acevedo. En 1920 viajó a los Estados Unidos para estudiar canto y desarrollar sus aptitudes como soprano, sin embargo, fue contratada para una gira por varios estados de aquél país, cosechando triunfalmente sus primeros aplausos.
Después de una larga temporada en los Estados Unidos y cuando Lucha regresó a México, formó, junto con las hermanas Ofelia y Blanca Ascencio, el trío Reyes-Ascencio, aunque ya para entonces su adicción por las bebidas alcohólicas y sus continuos incidentes bochornosos durante sus presentaciones, la llevaron a ser lanzada del trío y ser substituida por la cantante Julia Garnica (triunfando ellas como el trío Garnica-Ascencio, durante sus presentaciones en el teatro Lírico y en la radiodifusora de la XEW). A pesar de que Lucha se sentía desilusionada por el rechazo de sus compañeras, en 1927 reinició su búsqueda a la fama, uniéndose al Cuarteto Anáhuac, con el que realizó una gira por Alemania, integrándose a la vez a la compañía de Juan Nepomuceno Torreblanca. Estando en Berlín, capital alemana, Lucha pescó una fuerte infección el garganta que la hizo retirarse durante un año de su actividad como cantante, pero la falta de dinero y las preocupaciones la hicieron retornar a la actividad. Lo inesperado fue que debido a la infección sufrida su voz se tornó rasposa y desgarrada, imponiendo un estilo agresivo a sus interpretaciones, con el que lograría una plena identificación.
A partir de 1928 Lucha Reyes emprendió por el sendero de la interpretación vernácula de manera solista. Un año después inició su mejor etapa como artista, creando un estilo personal y logrando sonado éxitos como «La Tequilera», «¡Ay Jalisco no te rajes!», «El Corrido de Chihuahua», «El Herradero», «La Panchita», «Traigo un amor», «Juan Colorado», «El Castigador», «Rayando el sol», «Caminito de Contreras» y más.
En 1930 el empresario Frank Founce la contrató para varios conciertos en el escenario del teatro Million Dollar, de Los ÁngelesLucha ya había perdido las ganas de vivir, sin importarle que a su hija María de la Luz Martínez Cervantes, de once años de edad, también estuviera sufriendo viéndola como se destrozaba físicamente. Pese a ello, el día 23 de Junio, las actitudes de la cantante hacían suponer que ya se estaba recuperando su ánimo de vida.
Había dejado de beber y aunque su andar era con paso inseguro, su hija confiaba en que los diez día anteriores de tristezas habían terminado. Para Lucha, con lentitud deambulada por el interior de su casa, contrariamente apenas empezaba su verdadera tragedia. Trataba de mantener la lucídez de sus pensamientos, que en momentos la hacían refugiarse en una silla o sillón en busca de reflexiones. Había llamado a su hija para mandarla a la botica en busca de un frasco de medicinas. María de la Luz nunca imaginó que esos barbitúricos servirían para que su madre pusiera fin a su existencia. Por el contrario, creía que los barbitúricos serían un remedio para aliviar ese amargo sufrimiento.
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